
Postal de la exposición individual
EL ESPACIO QUE OCUPA
de Rocío Arévalo
en el TEA (Abril-Mayo) 2011
El arte de los últimos cincuenta años ha ido avanzando considerablemente en el estudio exhaustivo del cuerpo como territorio definido de nuestra existencia; es decir, como lugar y herramienta mediante y donde la experiencia vital ocurre. La obra de la artista chilena-española -residente en Las Palmas de Gran Canarias- Rocío Arévalo desde hace aproximadamente cinco años investiga en los roles por donde el cuerpo ocupa un eje motor protagonista dentro la sociedad civil occidental; sociedad donde está mediatizado por las normativas del “consumo” y el “bienestar”. Lo que algunos estudiosos de las conductas sociales actuales denominan la Tiranía Estética del Cuerpo.
El espacio que ocupa (una video-instalación integrada por un registro de varias pantallas videográficas con documentaciones de actos de medidas corporales y una videoproyección de gran formato) es una obra producida entre los años 2010-2011, la cual posee -mínimo- dos lecturas inmediatas. La primera de ellas se suscribe al simple hecho de que “todos ocupamos un espacio, un lugar, un tiempo” en este devenir en el que nos ha tocado vivir, y en esa ocupación hay un signo de resistencia, una “conquista óntica” (como dijera Heidegger); la segunda, y mucho más profunda y nada simple, se acopla a una perspectiva crítica del concepto del cuerpo como elemento simbólico que deja una huella, acto en sí que no significa de hecho “ocupar un lugar” sino más bien dañarlo, dejarlo marcado, inscrito como registro. Un cuerpo y el alma que lo posee es un espacio del saber, compuesto por pliegues, volutas, curvas, osamenta, carne, piel, cabellos, órganos vitales, un diagrama matérico en movimiento. Siendo El espacio que ocupa la escritura de un relato que pretende desentrañar el misterio de una existencia desde la sencillez de su presencia, desde la solemnidad giratoria de su movilidad; una movilidad que se revela como el legado que registra la Belleza de la Imperfección corporal como acto performático de valentía. La valentía de quienes “saben estar, en tanto son, tal cual son”. Sólo eso. Simplemente carne escritural que inscribe su verso en el panorama de quien los mira, hiriendo la retina del observador que se deleita en su danza de trompo cosificado en medidas. La medida de lo que somos en cuerpo y alma.
Las Palmas de Gran Canarias
Febrero, 2011.
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