viernes, 29 de julio de 2016


Hágase la luz… para atraparla (únicamente una nota sobre AM)


Antonio Mesones, Sin título (Untitled), 2015. Acrylic on canvas, 150 x 130 cm. Cortesía Nova Invaliden Galerie, Berlin


Hay un tipo de arte que engaña a primera vista, pues nos puede parecer compungido, reprimido, contenido, apretado, justificado en la contención, y justo es lo contrario. Es vitalismo, intención obsesiva de deslumbramiento, latido reiterado uno y otra vez. Ese es el caso de la obra producida en los últimos cinco años por el artista español Antonio Mesones, quien a primera vista, equivoca, engaña… porque en sus reducidos trazos redondeados como lametazos cortos del pincel vemos un gesto impregnado de una tensión que parece reprimida, más no lo es, simplemente es precisa.
Pongamos un ejemplo: es precisa como preciso es besar una boca cuando se ama o desea a la figura humana dueña de esos labios, el gesto amatorio es preciso, exacto, no es exagerado, violento, abusivo, sino lo contrario, es tierno, lento, superficial pero luego profundo, de a poquito en poquito. En cambio ese gesto labial del ósculo puede cambiarnos la vida y darnos la libertad aprehensiva del enamoramiento o el nacimiento del amor venidero.
Así… la pintura de Mesones, se torna una trampa de luz gestualizada, un mediano atrolladero -pues prefiere formatos cercanos, íntimos- de sensualidad vital que uno a uno se hace beso, ligero lengüetazo enamoradizo, neurótico-erótico, ilusionado por repetir la primera experiencia, quizás post-adolescente de un alumbramiento que ahora en la madurez se añora, se anhela como nostalgia de lo que fuimos, o se manifiesta como conocimiento de lo que se es ahí adentro, atrás, donde nadie conoce lo que en verdad se oculta bajo nuestra primera piel, la que opaca y oscurece nuestros cuerpos luminiscentes de pura energía atrapada en la red de experiencias que se hace llamar con un nombre y apellido, una nacionalidad, un pasaporte, y se enjaula bajo la estructura de un ADN y se escapa bajo el influjo de un gesto pictórico tramposo, engaña bobos, revelador para los clarividentes que saben ver en cada tensión, un beso liberador, no una prisión formalista.
Una obra que no es un atardecer en luz sino un amanecer, como nos induce a pensarlo las iniciales de su autor: A.M.

Berlín/Santander
Verano de 2016.

martes, 7 de junio de 2016


Clara Muñoz  Foto: Nacho Gonzalez, 2014



los nombres marcan
el de ella anunciaba su claridad-clarividente
a pesar de que su fuente de la vida
estaba intoxicada por el veneno de la muerte

extraño tu luz   amiga
la belleza de tus ojos
                     tu voz transparente
                     tu mirada frontal                sin ambages
                     tus palabras de ánimo
                     tu culto espíritu indomable
                     tu certeza
                     tus gestos de amor y tus gestos de guerra
                     tus labios rojos acariciando mis mejillas
                     tu delicada mano firme                en mi hombro
necesito tu arrojo
              tu valentía               y tu fe             amiga mía
esa fe que sólo vimos  a quienes permitiste
rozar          -como un deslumbramiento-
tu fuerte corazón
de cristal

… iluminado.


[elegía]

a Clarita Muñoz
pues con nombrarla
basta



6/6/2016

domingo, 24 de enero de 2016




EL PODER DE DECIR LAS COSAS POR SU NOMBRE

-Informe vox populi, borrón y cuenta nueva… bobbo ossobbo unló-


Esta imagen es el comienzo de una transición, el cierre de puertas de un nexo con un pasado del que ahora mismo avanzo hacia otra dirección.

Muchos de los colegas, artistas, comisarios/curators, críticos de arte, conservadores o directores de museo con quienes me he relacionado en los veintidós años en mi carrera profesional, saben que trabajar en el CAAM era una de mis grandes ilusiones, fundamentalmente porque era –al menos para mi- un paradigma; pero como todo paradigma era un espejismo.

He guardado silencio.

Incluso tras el cálido y sorpresivo homenaje que más de un centenar de profesionales firmó para evitar el ninguneo de mi persona y mi labor por parte de la campaña de descrédito realizada por la mediocridad periodística de quienes están aferrados al caciquismo del poder político (y familiar) porque es éste, y su corruptela despótica, el que les paga.

Ahora, tras tres meses de mi abrupta partida, me he permitido la licencia de reflexionar y meditar mis próximos pasos, cansado del despotismo, la inutilidad y la desidia de un equipo institucionalizado, repleto de carencias, traumas, taras y frustraciones, del cual sólo guardo buenos recuerdos de menos de cinco excelentes personas de las casi cuarenta que ahí continúan trabajando… miro atrás y tengo un sabor agridulce, pero no guardo rencor.

De mi ida, sólo lamento en primer lugar no haber podido hacer más por reajustar ese equipo de personas que no se merecen que sus superiores los maltraten, ni que les frustren sus ilusiones profesionales, y en segundo lugar, no haber continuado con algunos proyectos pendientes. En cambio, a decir verdad estos proyectos no me preocupan, muchos de ellos puede que ya no tengan sentido, fueron planteados hace más de seis o siete años, y aquellos que tengan sentido ejecutarse, ya los intentaré hacer en otro lugar, lástima que el público canario, a quien agradezco su gentileza, educación,  apoyo y cariño, quizás se los pierdan. A no ser que viajen fuera de la Isla.

No obstante para continuar debo soltar lastres, y desmentir falsas acusaciones innecesarias que se emitieron sobre mi persona que no deben quedar en el limbo de las falacias escritas por sus autores.

Nunca trabajé en el Centro Atlántico de Arte Moderno pensando en mi beneficio personal, sino en el del museo. El primer museo europeo que le prestó atención a las Américas el cual estudié en mis años de carrera en Cuba, gracias a su labor por su vocación atlántica, vocación que intenté continuar propiciando en las 66 muestras que programé como responsable de la dirección artística del museo, al exponer a 4 artistas españoles peninsulares, 1 holandés, 1 irlandés, 2 norteamericanos, 5 brasileños, 2 africanos, 3 mexicanos, 3 chilenos, 1 guatemalteca, 3 cubanos y 3 puertorriqueños, a lo que se sumarían los 26 artistas del archipiélago, al igual que en las muestras colectivas de la Colección CAAM siempre primaron los canarios. En ese lustro dimos cobertura a 12 comisarios de las islas, hablo de: Octavio Zaya, Gopi Saragandani, Clara Muñoz, Maria de los Reyes, Francis Naranjo, Orlando Britto, Ángeles Alemán, Alejandro Vitaubet, Laura Teresa García Morales, Francisco Galante, María Isabel Navarro y Carlos Díaz Bertrana. Dimos empleo a varias empresas de montaje, marquetería, aduanas, transporte y gráfica, así como a diseñadores, traductores, fotógrafos, críticos y escritores, o historiadores del arte y otros profesores universitarios, o conferenciantes de diversas ramas del saber visual de dentro y fuera de la Isla, de un lado y otro del Atlántico que nos rodea.

Igualmente contrario a la noción especulativa de derroche, nuestras publicaciones fueron las más económicas de los últimos diez años producidas por el museo, gracias a mis relaciones con imprentas peninsulares las cuales nunca sobrepasaron el costo de 18.000 € exceptuando las co-ediciones pactadas con editoriales de primerísimo nivel nacional (Turner Libros y Polígrafa Ediciones), logramos que nuestros libros se distribuyeran a nivel nacional gracias a Rosa Olivares y Cataclismo, y llevamos Atlántica a un paso más adelante convirtiéndola en un espacio de pensamiento y promoción de la cultura visual actual en bienales como Documenta13 de Kassel, Venecia, o La Habana. Creamos los fondos de ayudas para el desplazamiento de los profesionales afincados en Gran Canaria y trazamos líneas de colaboración de co-producciones con el Gobierno de Canaria con sus salas de La Regenta, El tanque, la SAC y el Instituto Cabrera Pinto, así como con museos como el MNCARS (Madrid), el TEA (Santa Cruz de Tenerife), el DA2 (Salamanca), el Het Domain (Sitaard, Holanda), la Fundación Luis Seoane (A Coruña) o la Sala Alcalá31 y Matadero Madrid (de la Comunidad y el Ayuntamiento capitalino).

Gracias a las interpersonales relaciones profesionales de generosidad establecidas desde nuestro trabajo, el CAAM y el Cabildo de Gran Canaria ha recibido un monto de 750.000 € en 140 obras de arte donadas al museo, entre las que se encuentra una donación personal, cuyo valor es, según el precio del mercado, 5000 € de René Peña. Y de nuestra economía familiar, cuando en el año 2012 fueron retirados los gastos de dietas públicas, dimos de comer, cenar y beber a cuanto invitado visitó el museo en los últimos casi 4 años.

Ya que si queremos recibir generosidad, hay que ser generosos. Además, es lo mínimo que se puede hacer cuando te haces responsable anfitrión y no huésped, parafraseando el elegante y controversial título de Juliao Sarmento comisariada por el siempre provocativo e inteligente David Barro.

Por ello, la recogida final de las magníficas obras de Abraham Lacalle “Inversión I y II”, 2015; significa un soltar lastre, soltar amarras, un abrir las velas.

Pues cambio de rumbo.

Tras más de veinte años trabajando fundamentalmente para el sector institucional público a pesar de haber colaborado durante un año con una galería mexicano neoyorquina , así como galerías en Monterrey, México, Miami, Milán, Las Palmas de Gran Canaria, Turín, Santo Domingo o Granada, y tras cinco años al frente de una institución, más que nada, porque no me apetece poner nuevamente mi vida en manos de ineptos, enchufados, personas sin preparación alguna, ni burocratismos administrativos.

Me incorporo a un equipo curatorial frente a la galería berlinesa Invaliden1, fundada y programada durante una década por los artistas Sergio Belinchón, Rui Calzada Bastos, Antonio Mesones, Noé Sendas y Santiago Ydañez, con la intención de darle una nueva perspectiva fundamentalmente curatorial. Ahora dotándola de una nueva etapa, bajo el nombre de Nova Invaliden, y desde donde pretendemos desarrollar un trabajo que ahonde en la labor que llevamos realizando en el campo del arte desde la intimidad cómplice de quien respeta y admira al arte como centro de nuestra existencia, porque en el arte todavía quedan paradigmas que investigar, promover y divulgar, como último valor de la espiritualidad de nuestra época que bien representa la herencia de lo vivido.

Así es como estamos cerrando una puerta con esa imagen de Abraham Lacalle retirando sus obras del centro anclado en el barrio de Vegueta, ya que nos desplazamos a otra dimensión, aquella que atesora el testimonio de quien ha vivido entre las trincheras, y desde ahí defenderá, como un francotirador, aquello en lo que cree.

Ashé.



Las Palmas de Gran Canaria, España
Invierno de 2016.


domingo, 8 de noviembre de 2015





Retrato de Marina Vargas frente a una de las piezas que integran la serie Ni animal tampoco ángel, CACMálaga, 2015
Foto Cortesía CACMalaga



exploto
como una fétida       granada         rosa          e insípida
en tu cara     
exploto
como un beso           inflado
me aferro a tus párpados hasta verlos             sangrar
dejarlos          huecos
para que veas                      en mi
el demonio que oculto               domesticado
          atado a la belleza
como atado está          a la belleza
quien inyecta en sus venas
la droga del paseante
que en el infierno
ve            belleza
como si fuese
                           fucsia
su pobredumbre aliento
a sangre seca.




[voluta amorfa]




Las Palmas de Gran Canaria, España
24 de Octubre de 2015




a mi querida amiga marina
por sus recientes obras
escultóricas



sábado, 25 de julio de 2015

hay
muchas
formas
de perder
la cabeza

hay
muchas formas
de hacer
que
una cabeza
se pierda

[…]

dejarla
caer
como un melón
contra el asfalto
vaciarla
  y
llenarla
 de silencios
separarla del cuerpo con el hilo invisible de los sueños
hacerla
 esquizo
disparate anacrónico
en medio
     de un paisaje
                   baldío
doparla
con las sustancias
leves
del olvido
las drogas del amor
las malas mañas

o
   ahogarla
en el amargo
mar
de
la soledad
y la muerte

esa muerte
que un guerrero
trae a cuestas
como lastres
benignos
-para él-
dañinos
tóxicos
o
    enfermizos
para el resto

[…]

hay
muchas formas
de hacer
que
una cabeza
se pierda
     pero
la más fácil
es
ofender

-en
la futilidad
inútil
del soberbio-

… a
baba.
[agyacuna]

Las Palmas de Gran Canaria, España
22 de julio de 2015.

a omiguere
-mi madrina
que oloffi, oloddumare
y yemaya la bendigan-
que me enseñó
el significado
de mi nombre


ashé.

miércoles, 11 de marzo de 2015



Arnaldo Roche Rabell conversando con Alvaro de Benito 
en la inauguración de su muestra en el CAAM, Marzo de 2015



ARNALDO ROCHE
En azul: señales después del tacto (frottages)

a Walter
por su tesón


Casi todo, en una diáspora, está diseñado para zozobrar.
Iván de la Nuez
Mapa de sal

1.-
La pintura es siempre algo cercano, ella por el modélico sistema desde el cual se fabrica es siempre una experiencia próxima, casi privada. Incluso cuando hablamos de obras de grandísimo formato (aquel que en el lenguaje del mercado del arte se denomina: “de museo” porque sobrepasa la probabilidad espacial de lo doméstico) hay en su hechura una proximidad exagerada, los artistas/pintores que trabajan grandes formatos se abalanzan sobre los soportes que soportan sus obras, se lanzan sobre ellos, se deslizan como verdaderos acróbatas sobre sus pinturas[1], y el resto, trabaja desde la cercanía casi miope de sus detalles, de sus artificios para hacerla una trampa visual, una carnada que nos haga morder el anzuelo de nuestras retinas. Este juego de representación, subjetividad, sugerencias poéticas o fórmulas atrayentes para la mirada ha hecho de la Pintura un ejercicio de fascinación universal. De hecho, casi todas las pinturas que realmente “funcionan” por decirlo en el argot del discurso crítico, en la historia del arte, cuando la ves directamente, en persona, te preguntas: ¿cómo están hechas?, ¿por qué están hechas así? Y no de otra manera, y así… hasta creársenos un bucle infinito en nuestro intelecto y la pintura nos atrapa para sí, nos hace de ella, nos embruja con la vacuna de la incertidumbre.

2.-
Arnaldo Roche Rabel puede que sea uno de los últimos artistas del contexto iberoamericano que conoce estás relaciones de cercanía y distanciamiento de cómo se hace la “gran pintura”, pensada ésta como nos indicaba que deberíamos de enfrentarnos a la Pintura Barroca el maestro Eugenio D´Ors; así como una relación contemplativa de miopía e hipermiopía recíproca. Y digo esto, de manera tan tajante, porque su relación con el hecho pictórico viene desde una sincera introspección que se visualiza a través de una actividad confesacional, en tiempos en los cuales el desdoblamiento de nuestro ser para la construcción de un paradigma teatral es lo que impera como práctica social generalizada, con lo cual, su naturaleza confesacional lo trasmuta en una excepción.
Nacido en Puerto Rico pero formado en Chicago, ciudad en la que estudió y vivió durante años, Arnaldo por una condición descentrada (no estaba en New York, ni en California, ni en Miami, léase: el exilio natural de “lo latino” en Estados Unidos) se ha distanciado de las carreras artísticas promovidas bajo la égida del “Arte Latinoamericano”, para convertirse en una rara avis, un animal incómodo, fuera de juego, dislocado de su focalidad natural, lo cual le dio una independencia relativa que le ha procurado una producción mucho más libre.
Una carrera de algún modo más pausada, con un tempo que ha estado mucho más ligado a la investigación en las formas que le han procurado una identidad que se distingue como acierto final reduccionista de una suma totalizadora de hallazgos. De ahí viene, entonces, que sus proximidades estén más asociadas a un infatigable Leon Golub -con quien tuvo una cercana relación-, o a la nueva generación de artistas post-expresionistas alemanes afiliados hacia lo grotesco, en un momento en el cual el esteticismo fotográfico tomó el protagonismo a escala internacional. Y desde las intromisiones historiográficas de Mark Tansey, a pesar de que ambas obras distancian muchísimo una de la otra; las preocupaciones de Tansey sobre la Historia de la Pintura y las maneras de enfrentarse al soporte desde las técnicas del grabado clásico y desde el frottage, lo acercan a Roche. O viceversa[2].
Ambos cuestionándose directamente la capacidad narrativa de una Pintura que se niega a la obviedad de la representación y que apuesta por la construcción de un relato simbólico de corte mitológico, el primero de ellos, Mark, enfocado en cómo se gestó la construcción del “Mito Americano”, y Arnaldo, percibiendo su trabajo como el resultado de una deriva de sí mismo que lo salva de toda grandilocuencia, de toda vanidad humana, de toda locura, y lo refugia en la construcción de su “ser insular”, su ser de Isla.  

3.-
Desde esta noción de hombre-Isla, léase: isleño, y tras los devastadores y traumáticos sucesos del huracán Catrina y del Tsunami asiático del primer lustro del milenio, la obra de Arnaldo dio un giro monocromático, un giro en el cual el color azul toma una dimensión más que simbólica, histórica o casi épica.
Una década después de esta radicalización estética, En Azul: señales después del tacto (frottage) es primera muestra individual en un museo Europeo, muestra en la que se recopila una selección de obras que el artista ha trabajado en estos años en torno a cómo el azul-mar-agua invasora y/o bautizo sagrado, nos signa.
Siendo así, este proyecto expositivo -tras su muestra Azul comisariada por Liliana Ramos en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de Puerto Rico, en San Juan- el primer acercamiento a su última producción de quien es posiblemente uno de los creadores puertorriqueños de mayor prestigio nacional e internacional, quien esta vez habla desde una perspectiva nuevamente universalista.
Esta distancia temporal nos ha dado la cobertura necesaria para intuir cómo Arnaldo ha re-evaluado lo que antes era una revisión mitológica hacia una reconversión del mito de un modo más íntimo.
Si bien la obra de Roche primeramente tuvo connotaciones narrativas mitologizantes, en las cuales revisitaba la historia del arte a través de sus mitos,  ahora… desacraliza el mito convirtiéndolo en narración cotidiana, en fe hecha relato natural socializado, aún cuando este socializado a través de un eterno autorretrato.
Sobre el recurso del autorretrato como leit motiv muchos artistas han debatido la falacia egocéntrica narcisista que se argumenta como una vanidad potencialmente rentabilizable según el discurso crítico, al argüir que haciendo uso del mismo como proceso de introspección en tanto el retrato (siendo el autor) se desdobla de sí y se proyecta como espejo de los otros.
Para ser sinceros, en el caso de Arnaldo, creo que trabaja desde el autorretrato para articular una oportuna combinación teatralizadora de ambas posturas; por un lado, la netamente narcisista de auto-reconocimiento ante el espejo y la de mejor modelo para argumentarse espejo de los otros.
Por ello, el azul.
El azul es el tinte del azogue del espejo.
El tiente que tiñe toda la realidad del isleño.
La invasión espacio-temporal del cielo y el mar al unísono.
El azul anula el sentido de mapa. O hace el mapa una abstracción abrazadora, que quema (como “hielo que quema”, esa metáfora fría del agua congelada que tanto me gusta y cito)  y “abraza” (de abrazar), arropa, envuelve.
En un principio su visión del color relativiza la realidad saturándola, dotándola de una sobredosis ultrasensorial que barroquiza como si hubiese leído muchísimo a Alejo Carpentier y sus divagaciones sobre “Lo real maravilloso” o de Severo Sarduy sus fabulosos “Ensayos generales sobre el [Neo-]Barroco”, hurgando en la construcción de nuestra identidad caribeña como una posible mitología diferenciadora, sumatoria, inclusivista.

4.-

En este orden de estrategias, Roche se emparenta (posiblemente sin él saberlo) con otros dos artistas del Caribe quienes de manera simular emulan con las especulaciones literarias/antropológicas de cómo se construye nuestro ser, entroncándose con los saberes ancestrales de mitologías religiosas ancladas en nuestras islas; hablo del haitiano Eduard Duvall-Carrie y el cubano José Bedia, ambos actualmente residente en la cálida Miami.
Solo que a diferencia de Bedia y Duvall-Carrie, quienes profundizan en fabular ilustrativas “propuestas de alfabetización” (como dijera en broma Bedia refiriéndose a la incultura de Occidente de nuestras “populares culturas primalistas”) de cómo son los cultos afroamericanos transtlánticos del antiguo Reino Vudú (según EDC) y el desmembrado reino Kikongo (según JB); Arnaldo opta por intentar comprender el enraizamiento en nuestra cultura insular de la religiosidad judeo-cristiana.
Como quien se pregunta constantemente cuál es el sentido de su existencia ante un Dios (siempre enjuiciador y todopoderoso) en los tiempos de los incrédulos, Roche Rabell se enfrenta al arte en un diálogo abierto con su fe.
Una fe que -según el propio artista enuncia- lo salva de la locura, lo salva del pasado, de la tristeza, del dolor, del desgaste cotidiano del acontecer, propiciándole el argumento para una obra que lo trasciende y se le escapa.
Una escapada, fuga o escaramuza que iguala su existencia a la presencia permanente del agua en la vida del isleño.
Como si Arnaldo Roche Rabell debatiera “una conversación inconclusa” (esa manera en que Stuart Hall define la construcción de la identidad, que recientemente Octavio Zaya nos recordó) con la poética de Virgilio Piñera y su “peso de la isla”, su carcelario sentido del mar como regalo/castigo, donde es el azul el lugar/color donde el tacto de su físico le recuerda que está vivo.
Aquí en este presente y no otro. En esta dimensión territorial y no otra.  
Para desvelarnos allí donde la belleza se asienta como una mirada autocritica desde un hacer desde-y-mediante la proximidad, desde la cercanía carnal de las cosas, cómo el raptado espíritu de ellas se hace cosa artística, cosa imperecedera, que la pintura momifica y deja estancada como reliquia.
Anclando ante nuestra mirada las huellas de su tacto, hecha obras, trazos, trocitos de óleo recortado, rayonazo rasgado al cromatismo, oleaje que te salpica el rostro,  olor que inunda el sentido húmedo casi sexual de nuestro ser, grito dramatizado que se contiene y ríe.
Un dramatismo (gestual y narrativo) que igualmente lo acerca a otro creador igual cercano a Golub e igual fuera de toda “nomenclatura exótica latina”, hablo de Enrique Martínez Celaya, o de un creador mucho más joven que ambos, como Hernan Bas, los tres cargados de una intensidad dramática que rebasa la tabula rasa de las simetrías austeras del clasicismo, yendo hacia un lugar simbólico donde lo pictórico, supera lo real.
Sólo que mientras ellos insisten en regresar a una pintura íntegramente gestual y autoreferencial, Arnaldo se adentra en una especie de "decalcografías pictóricas" que sólo me recuerdan las decapaciones del ya nombrado Mark Tansey, o los yuxtapuestos re-pintados de Jasper Jonhs.
En un lascerante esfuerzo por dejar su Pintura como un “registro casi fiel”[3], pero ficcionado -como toda obra de arte hecha lenguajes- de su visión del universo.
Un universo, que a pesar de la diáspora, se niega a zozobrar.
Y definitivamente, si aquí estamos, lo logra.
  


Las Palmas de Gran Canaria, España.
Diciembre de 2014.








[1] Todos tenemos en nuestra memoria (de ávidos observadores o estudiosos del arte) las imágenes de Jackson Pollock casi dejándose caer sobre sus telas horizontales, regándolas con sus drippings, por citar tan sólo un ejemplo.
[2] A pesar de que esta sea una perspectiva muy personal nuestra que nunca hemos dialogado con el artista.
[3] No en balde no sólo modelos humanos ha frotado Arnaldo, también objetuales, automóviles, mesas, sillas, floreros, cómodas, repisas, marcos, adornos varios, como si el artista no estuviese argumentando una “cartografía arqueológica del sentido del tacto”, diciéndose esto yo lo toqué, lo tuve entre mis manos.